Por: Lilia Zavalza Zambrano
Tlaxcala, Tlax.- Caminamos por la senda marcada, cuidando de no dañar la vereda. La noche ha caído. Poco a poco la oscuridad se hace presente. En este momento me viene a la mente las palabras de Carlos Mallén Rivera, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y pecuarias (Inifap). “Cierren los ojos, sientan el bosque y escuchen a la naturaleza”.
Estamos en el Centro Ecoturístico Laguna Azul, en el ejido San Felipe Hidalgo del municipio de Nanacamilpa, Tlaxcala. El pretexto es que investigadores sobre biodiversidad, medio ambiente y desarrollo sustentable compartan sus conocimientos. Las sensaciones, referencias y sentimientos, son responsabilidad del visitante.
Más de 30 periodistas participaron en el Taller Jack F. Ealy de Periodismo Científico organizado anualmente por la Fundación Ealy Ortiz A.C. y el periódico El Universal desde hace 13 años.
En esta ocasión se coordinaron el gobierno del estado de Tlaxcala, el Centro Nacional de Investigación Disciplinaria en Conservación y Mejoramiento de Ecosistemas Forestales (INIFAP), la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y la Fundación Ealy Ortiz A. C., para desarrollar el tema Manejo Forestal Sustentable: Conservación, Aprovechamiento y Protección de Bosques.
A lo largo de ese tiempo, la Fundación ha becado a más de 1,560 periodistas iberoamericanos de 512 medios de comunicación, que han participado en talleres de capacitación impartidos por 410 especialistas en temas científicos, tecnológicos, de salud y desarrollo sustentable en sus cuatro ediciones: Latinoamérica, Europa, México y UNAM.
En esta ocasión, el invitado estrella fue la luciérnaga, un insecto de la familia de los lampíridos, familia de coleópteros que se caracterizan por la capacidad de emitir luz verde, amarilla, azul o roja.
La hembra la produce con el objetivo de atraer al macho.
En esta zona del país, se conserva la especie macrolampis palaciosi, que es endémica de la región, es decir, no emigra, toda su vida la desarrolla en estos bosques.
El nombre proviene de tres razones: macro, no hace referencia al tamaño del insecto, porque mide entre 0.5 y 1 centímetro, se refiere a que conforme avanza la oscuridad el destello que produce se hace más grande; lampis, porque proviene de la familia de los lampíridos; en tanto que palaciosi por ser el apellido del investigador de la UNAM, José Guadalupe Palacios, que descubrió la especie.
Para mantener el ambiente propicio para que este insecto siga desarrollándose en la zona, se prohíbe el uso de motos y cuatrimotos; no está permitido rebasar los señalamientos de las veredas; recoger hojarasca, debido a que ahí depositan sus huevos.
En su hábitat el depredador que enfrenta es la araña, y no porque sea una presa para comer, al quedar quieta en la telaraña, la luciérnaga puede morir, pero en ningún momento es atacada por el arácnido, debido a que para emitir su luz segrega una toxina.
Este desarrollo consta de 195 hectáreas, que en 2012 fueron donadas por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas para la conservación y protección de la luciérnaga.
Entre las actividades que desarrollan para su cuidado se encuentran la tala de árboles, únicamente cuando están enfermos; separación de aguas jabonosas y negras; toda la iluminación de cabañas y restaurante es solar; la limpieza de los caminos se hace de forma manual con machete a una altura de diez centímetros para evitar el daño a la especie.
